Todo respecto a Black Box suena a pequeña escala: es una producción independiente de la joint venture formada por los estudios poco conocidos pero muy guerreros Capstone Pictures y Hammerstone Studios. El hecho de que ambos tengan un nombre de piedra (-stone) no es una coincidencia: es casi un apellido que afianza la idea de que son dos empresas “emparentadas”, que si bien tienen dueños distintos que no las quieren fusionar, han acordado caminar juntas, al menos por ahora. En los últimos años han estado envueltos en películas de bajo presupuesto que han terminado alcanzando el estatus de culto, como Barbarian (2022, de Zach Cregger) u Obsession (2025, de Curry Baker). Es decir, es como (pero mira que nos gustan los ejemplos y las comparaciones…) una nueva Bloom House, empezando de cero. Precisamente Bloomhouse les apoyó en Obsession, y en Barbarian consiguieron que se la distribuyera nada menos que la Fox. Pero aquí están solos. De hecho, la distribución se ha ido cerrando país a país, y no hay ninguna major internacional que nos suene. En España, sin ir más lejos, nos la trae Vértice, con un alcance en cines de unas 127 copias para todo el país. Respecto a promoción, parejo con lo descrito se ha visto muy poca. No tiene actores conocidos y el director es el de “Destino final 5” (sí, que mola, pero… quiero decir que no es que sea lo nuevo de James Wan o incluso de Osgood Perkins). A nadie le va a extrañar si pasa desapercibida, posiblemente nadie la estaba esperando, y muchos son los que ni se van a enterar de que existe. Así, en el primer fin de semana de su estreno, en España solo ha conseguido el puesto 14 de taquilla con solo 57.460€ recaudados. Apuesto a que saldrá de cartelera antes de que acabe septiembre (además, en breve aterriza el Resident Evil de Zach Cregger…). Así que… no se despisten. O traten de recuperarla en alguna plataforma (o similar), si están leyendo esto ya demasiado tarde. ¿Es que merece la pena? Oh, sí, bastante.
Black Box es como una especie de capítulo de The Twilight Zone, o mejor, de The Outer Limits, que era una serie parecida pero más pesimista. Plantea una situación muy simple en un escenario cerrado: estamos en un vuelo comercial nocturno que atraviesa lo que aparentemente es una tormenta. Poco a poco comienzan a pasar cosas raras, el crescendo de extrañeza y suspense está muy bien desarrollado, hay momentos en que parece que los tiros van a ir por un lado y luego van por otro, etc. Pasito a pasito, las cosas sobrenaturales se imponen sobre otros tipos de falsas pistas (como una posible trama sobre epidemias), y a las cosas sobrenaturales les terminan venciendo los conceptos de horror cósmico y de ciencia ficción, cada vez más explícitos. Naturalmente, nos movemos en un entorno de pura serie B. Algunos caminos se acortan por medio del uso desprejuiciado de los tópicos del cine de suspense y terror aéreo (como el perfil de los pasajeros: la madre con la niña, el héroe atormentado por una pérdida reciente, la azafata comprometida y audaz, el pasajero de primera egoísta al que nos va a gustar odiar, el grupete de jovencitos tiktokers, etc), y visualmente tanto el presupuesto como los límites escénicos dan solo para lo que dan. Nos voy a tratar de convencerlos de que es una maravilla, pero es una pequeña pieza entretenidísima, con cierto encanto de película de “fondo de catálogo” de las que te aportan por sorpresa una noche divertida cuando la escoges al azar en una plataforma sin esperar mucho de ella.
Especialmente interesante es su arranque: algunos compases de found footage, con insertos de videos extraídos de los teléfonos móviles personales de algunos pasajeros, por un lado nos ofrecen un poco de contexto sobre ellos, y por otro… terminan con la siniestra imagen de alguien que coge el móvil en cuestión y lo introduce en una bolsita de “evidencia”: algo malo pasó en el vuelo, algo que terminó con un equipo policial o judicial tomando pertenencias personales de las personas que iban en el avión. Esto terminará siendo una trampa narrativa, porque el desenlace no sugiere en nada que esto vaya a pasar. Pero bueno, funciona: te mete rápidamente en situación, y te activa unas alertas, lo que yo llamo “los receptores de qué porras está pasando”, que ya no desconectas hasta el climax.
Con una maravillosa duración de 85 minutos, que descontados los títulos de crédito se quedan en realidad en apenas 79, es suficientemente juguetona, hasta eso cae simpático.




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