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El realizador Patrick Lussier (antiguo montador de las películas de Wes Craven desde los 90) y el guionista y actor ocasional Todd Farmer, se conocieron gracias a San Valentín Sangriento (My Bloody Valentine, 2009), el correcto remake de aquel pequeño clásico slasher de los 80, e hicieron muy buenas migas. Debido a eso, y a que se quedaron con las ganas de seguir experimentando en el formato 3D (aquella película lo tenía), empezaron a urdir algún otro proyecto del estilo que desarrollar juntos, preferiblemente fuera del género de terror para no repetirse, pero que tampoco se alejase del espíritu cañero y festivo de su anterior película. Y se les ocurrió recuperar ese tipo de película de acción que poblaba el cine grindhouse de los 70, intensificando de manera consciente y voluntaria aquellos aspectos que hacían, a veces (y solo a veces, no nos engañemos), que aquellas películas resultasen muy locas: Cine explotation abrazado con convicción, sin sentido del ridículo, con un posicionamiento garagero que apela a una diversión ruidosa, sin más cuartadas ni complicaciones.

Por eso Drive Angry es una película entregadamente macarra: tiene violencia gratuita, desnudos integrales (femeninos), sexo absurdo, un tono voluntariamente exagerado e irreal, una actitud insolente y follonera, coches molones, barbaridades y un poco de gore, hostias como panes, frases como “No conoces el dolor hasta que alguien le arranca la cabeza a tu hija”, una banda sonora guitarrera y machacona que hace chanchanchán todo el rato, a Nicholas Cage una vez más con el pelo raro (mucho), una secta satánica dominguera… y todo en 3D, claro. Por pasada de revoluciones, tal vez pretendiese seguir la estela que ejemplifica como nadie Crank (2006, de Mark Neveldine y Brian Taylor). Por temática, no cabe duda de que sus responsables querían darse el gusto de jugar con varios american muscle cars (1). En concreto, en el film lucen flamantes los Buick Riviera de 1964, un Dodge Charger de 1969 y un Chevrolet Chevelle de 1971. En una película en la que tienen tanta importancia la carretera y estos coches, es lógico que se mencionen como antecedentes títulos como Punto límite: Cero (Vanishing Point, 1971, de Richard C. Sarafian), La indecente Mary y Larry el loco (Dirty Mary Crazy Larry, 1974, de John Hough) y muy especialmente, incluso por aspectos del argumento, con Carrera con el diablo (Race with de Devil, 1975, de Jack Starrett). Pero también se la podría referencias a otras películas de coches modernas como las de la saga The Fast & the Furious (2001 – ¿2017?), si las tamizamos por un filtro de fantasía oscura a lo Predicador (Preacher, el cómic).

Pero llegó el momento de desvelar si la jugada funciona: pues solo en parte. Tomada con actitud bien afinada hacia la pieza que vamos a tener delante, Drive Angry se disfruta, resulta parcialmente muy divertida y el resto del tiempo entrega siempre un mínimo de entretenimiento. No obstante, tanto esfuerzo que se ha puesto en esa feroz provocación no funciona más que de forma puntual y aislada. Hay supuestas barrabasadas que se hacen hasta monótonas, y otros momentos que en efecto, consiguen despertar el asombro, pero quizás no en el plano que buscaban. La escena de tiroteo en medio de una escena de sexo ya la habíamos visto en Shoot ‘Em Up: En el punto de mira (Shoot ‘Em Up, 2007), con Clive Owen, Monica Belluci y bastante más estilo. Y todo el tercio final, probablemente desde que aparece el (innecesario) personaje de David Morse, se hace bastante poco imaginativo, escena del camión de hidrógeno incluida, pero sobre todo aplicado a la pobreza conceptual del enfrentamiento final. En definitiva, no termina de rematarse la faena, de alguna manera Drive Angry resulta más surrealista que hardcore. Pero bueno, puede funcionar bien como broma.

El apartado técnico está bien, Lussier es un realizador eficiente y usa el 3D de un modo clásico y convencional (básicamente te lanza cosas), pero bien diseñado (como el recurso de la moneda, que usa en dos ocasiones). Creo que sobre todo el que no ha cumplido al 100% su parte del trato es Todd Farmer, que se reserva un divertido papel para sí mismo (empieza follando, después maltrata a Amber Heard, luego le patean el culo, y al final le revientan la cabeza… ¿Qué más se puede pedir de un papel secundario?), pero que en el guion no está tan inspirado como en Jason X (2001, de James Isaac) o en la citada San Valentín Sangriento, que son sin duda sus mejores aportaciones.

El tercer vértice del triángulo del porqué existe esta película, tras Lussier y Farmer, es obviamente Nicolas Cage, al que el guion le llegó mientras estaba rodando Tiempo de brujas (Season of the Witch, 2011, de Dominic Sena), y que dice que decidió que quería hacer la película en cuanto leyó que le iban a saltar un ojo de un tiro. Al parecer, en Tiempo de brujas había una escena que no llegaron a hacer en la que perdía un ojo de un flechazo, y se quedó con las ganas. O eso decía él durante la promoción de la película, quizás imbuido del espíritu grotesco de todo lo demás. Lo cierto es que Cage en la vida real ha sido coleccionista de coches deportivos y clásicos, y seguramente los detalles de esta producción le atrajeron. También es cierto que en aquel momento se decía que Nicolas Cage estaba arruinado, y que por perder, había perdido hasta su ejemplar del número 1 de Action Comic (el tebeo en el que hizo su primera aparición Superman), supuestamente robado. De hecho, en 2011 estrena hasta 5 películas, probablemente todas las que le ofrecieron.

 Aquí, Cage hace de sí mismo haciendo como que es un hombre resucitado y huido del mismísimo infierno (que se llama Milton, un guiño al autor del Paraíso perdido poco sutil, pero que en medio de este entorno pajero, resulta divertido), que recorre la tierra para salvar a su nieta y vengar a su hija, que han sido secuestrada y asesinada respectivamente por el líder de la también antedicha secta satánico-dominguera, y que está interpretado por Billy Burke, como un malo de peli mala, con algún detalle creepy como lo de llevar el fémur de la hija del personaje de Cage y usarlo de bastón. Le acompaña la bellísima Amber Heard (y pienso que esto es todo lo que se puede decir de su personaje), y le persigue William Fitchner, que hace de una especie de jocoso carcelero del infierno, al que no le gusta que se le escapen las almas de los condenados, aunque los tontorrones planes de la secta (traer el infierno a la tierra) terminan haciéndole medio empatizar con su perseguido (perdón por el pequeño spoiler). Fitchner se lo debió de pasar muy bien en este rodaje, y se nota. También esta Tom Atkins haciendo de sheriff que trata de poner orden en medio de tanta destrucción sin enterarse de la misa la media de lo que está pasando, y que es un personaje totalmente desaprovechado.

Por esta película Nicolas Cage recibió su tercera nominación casi consecutiva a los premios Razzies al peor actor (tercera de las cinco veces que le han nominado, aunque no lo ha ganado nunca), y los resultados en taquilla fueron un sonoro fracaso, recaudando en todo el mundo 28 millones de dólares, cuando el presupuesto de la película fue de 50 millones. Estos datos acrecientan aún más, si cabe, la fama de “peli tan mala que mola” y maldita del film.

Notas

  1. Muscle cars, así es como llaman a esos modelos de coche de fabricación estadounidense de tamaño medio o grande, rasgos deportivos y un motor potente, hoy convertidos en clásicos, iconos pop de inequívoca identificación nacional. Coches como los Buick, Chevrolet Impala, Ford Torino, Dodge, etc…
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One thought on “Furia ciega (Drive Angry, 2011), de Patrick Lussier

  1. Me toco verla hace poco en lo de un amigo, no me esperaba demasiado. En efecto, es una película que se puede disfrutar si no te la tomas en serio.

    La peli es mala que te cagas pero no sé, algunas partes terminaron haciéndome gracia. Y mira que al ponerla en el buscador, vine a dar a tu blog y tienes contenido interesante. Posiblemente nos estemos leyendo por aquí, un saludo.

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