Read Time:7 Minute, 16 Second

Recuerdo que hace unos años había una actitud por cierta parte del fandom de tomarse el festival de TerrorMolins como una suerte de “recuperación de asignaturas pendientes” de ciertas películas que no se habían podido ver en el Festival de Sitges. Pero con los años esta situación ha ido cambiando –la adhesión a la MIFF o Méliès International Film Federation muy posiblemente significó un punto y aparte en el 2014- y ya nadie se toma TerrorMolins como un “Festival de Respesca”, sino como uno con entidad propia y con un proceso de selección propio, bastante distinguible de lo que ofrece el todopoderoso certamen de la ciudad costera. Veamos una muestra de su contenido en su última edición:

Inaugurar con La mesita del comedor (Caye Casas, 2023), y darle el premio a mejor película, fue casi dar un golpe sobre la mesa para diferenciarse de Sitges, donde fue rechazada en una decisión un tanto extraña –y es que, no nos engañemos, en Sitges se seleccionan una barbaridad de títulos y que una cinta de calidad demostrada, encima hecha en casa, se repudiara, llama la atención-. No resulta difícil de comprender el aplauso generalizado y la avalancha de premios que la obra se está llevando (lleva 27 en el momento en el que escribo estas líneas, pero seguro que cuando lo lean ya tendrá más) más teniendo en cuenta su ínfimo presupuesto y su apresurado rodaje (apenas diez días) que le otorgan de un mayor valor a la propuesta. Del argumento es mejor contar lo menos posible, apenas indicar que los protagonistas son un matrimonio, interpretados por unos soberbios David Pareja y Estefanía de los Santos, que tras el nacimiento de su primer hijo parecen haber entrado en un estado de crisis y que el primero decide comprar la dichosa mesita del título en una decisión que parece más el fruto de la pura cabezonería. A partir de ahí la obra se convertirá en una narración incómoda, aderezada con un barniz de humor negro punzante. ¿Por qué su adhesión al género del terror, cuando lo que está contando se acerca más al drama en una historia carente de cualquier elemento sobrenatural o de cualquier asesino armado con sierra mecánica? Básicamente porque La mesita del comedor triunfa al mostrar la visualización de una pesadilla, una que probablemente hayan sufrido ustedes en algún momento de su vida, o también podría significar la traslación en imágenes de un temor interno, que tampoco sería tan raro que hubiera sentido cualquiera. Pero claro, verlo en pantalla es otra cosa. Hace sufrir, y cuando hace reír, luego hace sufrir todavía más por el sentimiento de culpabilidad que acompaña. Un triunfo del cine low cost nacional que pone a su director (el cual ya había co-dirigido la también destacable Matar a Dios junto a Albert Pintó en el 2017) en el punto de mira.

Cuando acecha la maldad(Demién Rugna) es verdaderamente terrorífica, confirma a Rugna como una presencia potente, como pocas, en el actual universo del género –no discuto los valores de su anterior Aterrados, pero si considero que se la sobrevaloró un tanto- y pone de nuevo el foco en el fantástico latinoamericano, que está empezando a brillar sobremanera. Sorprende que en su primer acto la película presente con tanta naturalidad su mitología (en la que unos seres del averno llamados Encarnados están empezando a propagarse en una zona agreste de la Argentina profunda poseyendo a sus habitantes), a sus personajes e incluso mostrando unos conatos de cine social que, de existir realmente, no deja títere con cabeza: la materialización del mal lo destroza todo, a los ricos, a la clase trabajadora y a la clase media: esta protagoniza una de las escenas más intensas y desagradables de los últimos tiempos cuando una unidad familiar desestructurada “abre sus puertas” al mal (mascota de por medio, y hasta aquí puedo leer…). Quién sabe si concretando esta mitología de los Encarnados el propio Rugna se vio poseído por el espíritu del John Carpenter más poderoso y contestatario, porque por momentos parece mirar sin rubor a clásicos suyos como El príncipe de las tinieblas, En la boca del miedo o La niebla. Es pronto para decir si va a marcar tendencia; lo que es seguro es que la potente película de Rugna va a dejar huella.

Había grandes expectativas ante el salto del realizador experimental Robert Morgan al largometraje, pero su Stopmotion terminó por resultar una experiencia un tanto obtusa que transita los territorios del thriller psicológico de una manera tópica y redundante. Una joven artista vive dominada por su madre, una reputada creadora de películas de stop motion. Cuando esta fallezca, la protagonista (interpretada con gran solvencia, eso sí, por Aisling Franciosi) intentará ponerse al frente de un proyecto propio, en claro símbolo de su intento por llevar el volante de su vida, pero la aparición de una misteriosa niña empezará a hacer brotar el lado oscuro de su psique. Existe un interesante fondo reminiscente a un abuso sufrido por la protagonista en el pasado, que se narra en forma de cuento dentro de la propia película. Pero el resultado general no cumplió del todo con la expectación generada.

La malasia (bueno, también alemana, holandesa, taiwanesa, francesa e indonesia) Tiger Stripes (Amanda Nell Eu) resultó una agradable sorpresa. Zafran (Zafreen Zairizai) es una niña de 12 años, de carácter temperamental y rebelde, pero que vive feliz, aceptada por su entorno. Hasta que pronto empieza a sufrir una serie de cambios que la mutan a una criatura atigrada: las consecuencias serán devastadoras, perdiendo el favor de sus amigas y desesperando a sus padres, que solicitarán la ayuda de un singular exorcista. Parábola quasi-punk de la alineación social adolescente, de marcado carácter reivindicativo y feminista, está filmada con una garra (nunca mejor dicho) y un nervio que logran que uno lo compare con un disco de debut de una banda tipo Sex Pistols: no importan tanto la falta de pericia técnica en algunos momentos como su potente energía, y el sorprendente talentazo de sus actrices principales. Cine juvenil osado, temerario y con unas ideas muy claras acerca de la liberación femenina adolescente y sobre qué cabezas deben rodar…

La espera, de Francisco Javier Gutiérrez, director que vuelve a la Península después de su experiencia hollywoodiense con la poco memorable Rings (2017), enésima explotación de una franquicia machacada y pisoteada desde demasiados países y demasiadas cinematografías. El regreso ha sido destacable, se ha marcado una pieza de folk horror hispano sin precedentes, ubicando la atención en un desolado lugar de la Andalucía profunda donde el personaje principal, interpretado por un Victor Clavijo en estado de gracia (se echa prácticamente él solito la película a sus espaldas con una naturalidad envidiable), después de sufrir una desgracia familiar empieza a desempolvar oscuros y siniestros secretos acerca de la localidad donde reside. Peca de tener un desenlace un pelín tramposillo donde resbala en su discurso moral, y hace presencia un poder sobrenatural que ojalá se hubiera quedado fuera. Pero, y con todo, es una excelente experiencia, probablemente será una pieza clave en el fantaterror nacional donde otras han fallado al pisar estos terrenos (Cuerpo abierto, por ejemplo).

It’s A Wonderful Knife (Tyler MacIntyre) es la más reciente muestra de cómo ha degenerado una especie de sub-género postmoderno al que podríamos llamar slasher cuqui en apenas 10 años. Y es cierto que las primeras muestras de este cine metatextual fueron realmente ingeniosas y se veían con mucho agrado, véase la primera entrega de Feliz día de tu muerte o Tragedy Girls, del propio MacIntyre. Pero son películas más difíciles de hacer de lo que parece o sino su gracia queda en el planteamiento y el resto es pura anécdota, ya que no importa tanto crear momentos de tensión, el uso de la violencia o el misterio en torno al asesino sino el cuento moral, pero los primeros puntos, en las anteriormente mencionadas, estaban bien cuidados. Algo que no pasa en esta relectura de Qué bello es vivir con cuchillazos y con tópicos por doquier. Repelentilla.

Palmarés Terror Molins 2023

Sección Oficial Largometrajes

Mejor película: La mesita del comedor de Caye Casas
Mejor dirección: Demián Rugna por Cuando acecha la maldad [trailer]
Mejor interpretación: Víctor Clavijo por La espera de F. Javier Gutiérrez [crítica]
Mejor guion: John Rosman por New Life [trailer]
Mejor fotografía: Matthew Lynn por Vive dentro de Bishal Dutta
Mejor banda sonora: Zeltia Montes por La espera de F. Javier Gutiérrez
Mejores efectos y maquillaje: Stopmotion de Robert Morgan

Premio del público Sección Oficial: La mesita del comedor de Caye Casas

Happy
Happy
100 %
Sad
Sad
0 %
Excited
Excited
0 %
Sleepy
Sleepy
0 %
Angry
Angry
0 %
Surprise
Surprise
0 %

Average Rating

5 Star
0%
4 Star
0%
3 Star
0%
2 Star
0%
1 Star
0%

Deja un comentario