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La extraña e inquietante relación entre los niños y el cine de terror tuvo su punto de inflexión en los 70’s con pelis como El Exorcista o La Profecía. Y es que si impactaba los recursos gore de El Exorcista sobre una Linda Blair de 12 años aún más lo hacía cuando convertida en la ramera de Satán la niña se masturbaba con un crucifijo u obligaba a su santa madre a realizarle un sangriento cunnilingus…aún hoy no se ha superado el nivel de transgresión de algo así. Pero como en el cine de terror no hay nada sagrado acabó surgiendo un subgénero como el slasher infantil cuyo clímax se alcanzó en la primera mitad de los años 90’s con títulos a reivindicar y recuperar como El Buen Hijo (1994) y Mikey (1992). El primer film protagonizado por Macaulay Culkin (que cosas de la vida hizo un gran papel como niño hijoputa) y que se estrenó como Nº 1 de la taquilla americana nos presentaba a un chaval de apenas 12 años convertido en todo un psycho que ríete tú de Norman Bates (y acompañado de Elijah Wood, futuro Frodo, como chaval santurrón que intenta advertir a todos de que su primo es un puto tarado asesino). El segundo film venía protagonizado por Brian Bonsall (futura estrella efímera de la Disney) que era un crío de apenas 11 años que procedente de un orfanato en realidad se dedica a masacrar a sus familias de acogida (sí, más de un detalle se plagió más tarde en la estupenda La Huérfana) mientras visiona pelis de Freddy Krueger (su ídolo, confiesa el niño en el metraje) y se enamora de una chica adolescente por la que matará sin pestañear. Una curiosa y cachonda serie B de los 90’s que debemos reivindicar y recuperar. Pero es en la última década donde ha resurgido con más fuerza que nunca el slasher infantil. Títulos como El Hijo del Mal (2007), la mencionada La Huérfana (2009), curiosamente estas dos pelis con Vera Farmiga haciendo de sufrida madre, o Hellion, El Ángel Caido (2007) nos mostraban a niños cabronazos a más no poder. Pero sin embargo fue The Children la que a mí personalmente más me inquietó y sorprendió de esta nueva fiebre por los niños psicópatas.

The Children (2008) producción británica (con la Vertigo Films y la BBC Films entre otras productoras de por medio) escrita y dirigida por Tom Shankland que un año antes nos había torturado con ese delirio de WAZ (donde sólo destaca la presencia de Melisssa George, por lo buena que está) se abre con unos planos de un bosque helado (impagable la imagen del sapo congelado) que serán recurrentes en esta historia extraña e inquietante. Aunque en el inicio del metraje nada de eso se puede adivinar porque lo que aquí tenemos es a un par de hermanas que quedan en casa de una para recibir el año nuevo reunidas con sus maridos y niños. Así lo que es la típica reunión familiar navideña (incluida la adolescente minifaldera de Casey que sólo piensa en largarse a la fiesta de unos amigos, aunque se ve tentada por los flirteos de su tío que parece fascinado por su morbosa sobrina) empieza a degenerar casi sin darse cuenta en una masacre entre niños pequeños y adultos. Y es que desde poco después de empezar la reunión en la casa rodeada del helado bosque los niños empiezan a comportarse de forma extraña hasta derivar en una violencia sangrienta sin límites contra los adultos (y en defensa propia de los adultos contra los niños!). Así durante 80 minutos de metraje ajustado acompañados por la austera Banda Sonora de Stephen Hilton nos adentramos en una pesadilla entre doméstica y rural con dos familias que vestirán de luto durante mucho tiempo (los que sobrevivan, claro) y aunque se nos ofrece sutilmente alguna explicación a los hechos en realidad nada se explica del todo y da pie a la interpretación de cada espectador.

Lo mejor de The Children (y yo no sé encontrarle fallos) es la sabia combinación de suspense, momentos intrigantes, gore ajustado, elegancia formal y conseguir que unos niños tan pequeños den el pego como insaciables psicópatas con ansias de masacrar a sus semejantes. No recuerdo ahora mismo ningún film donde un niño pequeño masacre a un adulto ni donde un adulto masacre a un niño pequeño como ocurre aquí (quizá Murder Set Pieces y poco más) y es que esa Casey (interpretada eficazmente por Hannah Tointon), adolescente fiestera, no duda un momento en que si un crío viene hacia ti con un cuchillo en la mano lo suyo es reventarle la puta cabeza (!) Y de hecho el personaje de Casey es el que siempre añade picante al asunto pues aunque la masacre infantil no permite desarrollar su flirteo sexual incestuoso con su propio tío (impagable esa escena donde la sobrina le enseña a su tío su tatuaje secreto en el ombligo mientras fuman un porro en el invernadero…) sí que no tiene dudas de que ante problemas extremos hay que aplicar soluciones extremas.

Film ideal para una doble sesión con Grace (esa extraña peli sobre maternidad depravada y bebés hambrientos de carne humana, escrita y dirigida por Paul Solet en 2009 y que no ha sido suficientemente reivindicada) The Children es sin duda una obra maestra del horror inquietante con una plano final fascinante y maravilloso que resume todo lo que hemos visto. Sólo por ese plano final ya vale la pena tragarse los 80 minutos escasos de metraje. Después de esta The Children llegarían un par de niñas brutales al cine como la Hit-Girl de Kick-Ass (interpretada por Chloë Grace Moretz y que repetiría brutalidades en el remake de Déjame Entrar como niña vampiro) o Athena, la brutal niña-robot de Tomorrowland. Pero ninguna de estas niñas puede competir con la cría de ojos grandes que en The Children prepara su pequeño cuchillo para sacarte el hígado…

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