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Ésta es una excelente ocasión para hacerse de golpe y en una edición magnífica, en tomos magníficamente presentados y con extras, con uno de los cómics más significativos y destacados de los últimos veinte años, máxime después de la amplia difusión alcanzada por las dos películas realizadas por Guillermo del Toro, que son estupendas como films fantásticos y sin embargo bastante malas como adaptaciones (a pesar de que la primera adapta muchos de los elementos del argumento de Semilla de destrucción, Despierta al demonio o El cadáver; pero no refleja ninguna fidelidad al espíritu). Tanto si el lector desea conocer de nuevas la verdadera obra de la que tanto habrá oído hablar, como si ya la conoce y busca completar su colección o atesorarla en un formato mejor, la edición integral en tres tomos de todo Hellboy de Norma es una opción inmejorable, apetecible para uno mismo, elegante como regalo e insuperable para seguidores de este cómic en particular. Y es que no nos equivoquemos: cuando un cómic está prologado por autores como Robert Bloch o Alan Moore, es que estamos ante algo que transciende a la mayoría de tebeos.

Cuando Mike Mignola creó Hellboy en 1994 ya era un artista consagrado. Alcanzó la fama tras sus espléndidos trabajos sobre Batman (destaca sobremanera el tomo prestigio “Batman: Luz de gas” de 1989), Lobezno (“Lobezno: aventura en la jungla”), la adaptación al cómic de la saga clásica del género de fantasía heroica  “Fafhrd y el ratonero gris” de Fritz Leiber, el steam-punk galáctico Ironwolf (“Ironwolf: Las llamas de la revolución”) o la fabulosa adaptación al cómic del Drácula de Francis Ford Coppola, que le llevó a participar también en la creación de diseños y storyboards para la película, y que hoy en día es una pieza muy cotizada por los coleccionistas por su gran valor artístico (casi es más bonito el cómic que la película, y ya es decir). Su estilo le convierte en un ilustrador inconfundible, de impronta visual marcadísima y muy personal, definida por las imágenes estilizadas y cinéticas, las figuras que tienden a las alturas como el humo (o las pinturas del Greco), el minimalismo en los fondos, la síntesis de detalles, los colores oscuros, el expresionismo en los gestos y la composición del marco/viñeta, la importancia de los ambientes… Heredero natural de Jack Kirby, al que ha homenajeado numerosas veces en portadas y splash pages, ha sabido integrar otras influencias de diversa índole, de Marc Silvestri al pintor N. C. Wyeth, pasando por Frank Frazzeta o la literatura victoriana. Todo ello le convierte en uno de los artistas más interesantes e innovadores de su generación, y no es de extrañar que haya llamado tanto la atención y que poco a poco le hayan ido surgiendo tantos imitadores y “discípulos”.

En los 90 se produjo en el mundo editorial americano un auténtico terremoto cuando la plana mayor de los más prestigiosos artistas del noveno arte, los que más vendían, se rebelan contra las grandes editoriales, especialmente contra Marvel. El motivo del conflicto era el espinoso asunto de la propiedad intelectual del trabajo. En las editoriales grandes como Marvel y DC históricamente la editorial se queda con los derechos intelectuales del trabajo creativo de guionistas y dibujantes, bajo la excusa de que la propiedad intelectual de los personajes es suya, y que simplemente les ceden su desarrollo durante un tiempo a los artistas. Pero el cómic estaba empezando a ser un medio cultural reconocido y los artistas se sienten fuertes y esperanzados. Disconformes con su situación, hacen un plante masivo y establecen sus propios canales para desarrollar sus trabajos. Así surgen editoriales como Image Comic (de la cual probablemente Spawn siga siendo su personaje más famoso de cara al gran público), y sobre todo se produce un boom inmenso de las editoriales pequeñas y del cómic independiente. Mike Mignola no permanece impermeable a estos movimientos, y animado por su amigo Frank Miller se decide a desarrollar en el seno de la recién creada editorial Dark Horse una idea a la que venía dando vueltas mucho tiempo, tanto como un cuaderno entero lleno de notas y bocetos, pero que seguramente le daba “pereza” proponer en, por ejemplo, DC Comics. Se trataba de Hellboy, naturalmente.

Mignola se sintió muy cómodo desde el principio trabajando con Dark Horse Comic, la ambiciosa independiente creada por Mike Richardson. La primera editora de Hellboy dentro de la editorial fue Barbara Kesel, aunque a partir de 1995 se ha mantenido de manera ininterrumpida como editor responsable el también artista de cómics Scott Allie, con el que Mignola mantiene una buena sintonía muy especial. Los planes iniciales para que Hellboy fuera una serie regular, en seguida fueron reemplazados por sugerencia de varios amigos (entre ellos otra vez Frank Miller) por un plan de miniseries de arcos argumentales cerrados, más acorde con las ideas narrativas que el artista andaba sopesando.  Mignola se encarga tanto del dibujo como de la escritura de las historias, pero dado que él originalmente no era guionista, ha venido apoyándose en colaboraciones, sobre todo al principio. Las primeras historias de Hellboy y posiblemente la colaboración más destacada, fue con el mítico John Byrne, el que fuera uno de los más prominentes artistas de comic americano de los 80 por aportaciones tan sonoras como su trabajo para los modernos X-Men, o la redefinición del Superman moderno tras las Crisis en las Tierras infinitas. Byrne se encarga de los diálogos y pequeños detalles de las historias que inventa e ilustra Mike Mignola, en una relación artística que ambos suelen definir como “muy fluida”. No deja de ser significativo que un artista total como él (Byrne escribe y dibuja) y tan consagrado aceptase un puesto que se nos antoja tan por debajo de sus posibilidades. Ese dato puede darnos una idea de la posición de Mike Mignola entre sus compañeros. Precisamente en el tomo que estamos comentando se encuentran todas las colaboraciones entre Mignola y Byrne, así como también el punto en el que Mignola supera su miedo a la escritura y consigue despegarse de su amigo y colega.

El personaje fue presentado por primera vez en una aventura de cuatro páginas en blanco y negro recogida en el Comic-Con Comics #2 (19 de agosto de 1993), publicación promocional de Dark Horse motivo de la Comic-Con de San Diego. Y en marzo de 1994 apareció por primera vez el número 1 de la miniserie “Semilla de destrucción” (Seed of Destruction), la primera aventura del personaje. Había nacido un nuevo mito cultural moderno.

En cierto modo, lo más divertido de Hellboy es su condición de pastiche, dicho sin sentido peyorativo alguno. En este personaje se dan cita todas las aficiones e intereses de Mike Mignola hacia lo esotérico, las sociedades secretas, las conexiones de los nazis con lo oscuro, el satanismo, la Biblia, el espiritismo, la influencia de H.P. Lovecraft, la de Edgar Allan Poe, la historia, la mitología, la imaginería gótica, los cuentos de fantasmas victorianos, los aspectos oscuros de los cuentos infantiles, la ciencia ficción, y naturalmente sin desdeñar también algunas gotas de cómic de superhéroes. Todo ello, aventura a aventura, ha ido conformando un abigarrado mundo cuya coherencia se ha ido conformando sobre la marcha, sin plan inicial. Mignola se ha ido divirtiendo, llevando a su criatura al terreno de diferentes escenarios clásicos, desde mansiones decadentes, cementerios, páramos neblinosos, escarpadas montañas, etc, y haciéndole encontrarse con practicantes de “las artes oscuras”, miembros de sectas, brujos, médiums, espiritistas, demonios, vampiros, dioses, hombres lobo, quimeras y seres mitológicos, víctimas de maldiciones, ectoplasmas, seres de otros planos, antiguos habitantes de una Tierra terrorífica, y un interminable etcétera.

 

Hellboy es un demonio (Anung-Un-Rama, hijo de Azzael y de la bruja Sarah Hughes), y como tal tiene una naturaleza maligna, la Gran Bestia, portador del Apocalipsis, capaz de desatar los mayores poderes destructivos del Cosmos. Pero él rechaza esa condición, actitud simbolizada maravillosamente por esos cuernos serrados, y pretende integrarse entre los seres humanos, que le han educado y con los que ha vivido siempre, luchando por construirse una identidad al margen de sus orígenes. Esta dualidad conflictiva es uno de los rasgos más interesantes e intensos de Hellboy, y le convierten en un héroe trágico. Otro rasgo físico característico que delata ese destino contradicho es “la mano derecha del destino”, la extremidad pétrea, desproporcionada y apabullante que recibió como regalo de su padre infernal, Azzael, al nacer. Al mismo tiempo, su condición demoníaca es también su punto débil: a los demonios se les puede controlar a través de su nombre secreto…  Hellboy es un detective de lo esotérico y lo sobrenatural, heredero de Hesselius, Van Helsing, Carnacki o John Silence. Pero también tiene el cinismo, la parquedad  y la excéptica indolencia de Philip Marlowe o Sam Spade. Hellboy es un Quijote, su moral es insobornable, inasequible a la tentación del poder que algunos seres mágicos le ofrecen, y su estilo, a pesar de haberse dedicado siempre a algo tan intangible como “lo oculto”, es bastante rudo y frontal: los mamporros. En realidad, esa fisicidad es una especie de respuesta, parte de su rebeldía contra la parte de su propio ser que le iguala con aquellos seres que tiene delante.

 

Básicamente es un solitario. En las aventuras más largas, las de las miniseries, le acompañan personajes secundarios carismáticos, como el mutante hombre-pez Abe Sapiens, la agente excéptica Kate Corrigan, o la piroquinética psicológicamente inestable Liz Sherman, o se refieren a la influencia que tuvo en él Trevor Bruttenholm, el hombre que le crió. Pero incluso así, Hellboy acaba yendo por libre, o cayendo en su propia trampa, o encontrando su propia pelea. En las historias cortas, sin embargo, Hellboy aparece directamente solo, como ese detective (¿guiño con su característica gabardina?) al que me he referido antes.

 

Las aventuras de Hellboy se componen de dos tipos de historias: por un lado hay arcos argumentales largos, generalmente más complejos y que suelen hacer avanzar la historia personal del personaje, bien con información, bien con los acontecimientos con consecuencias en biografía; por el otro, historias autoconclusivas cortas, a veces incluso muy cortas (excepcionalmente, hay alguna hasta de dos páginas), en las que se narra una intervención concreta de Hellboy en medio de un cuento de terror. El editor Scott Allie compara esto con la clasificación que suelen hacer los fans de  “Expediente X” (The X Files, creada por Cris Carter, 1993 – 2002) entre capítulos “dentro de la mitología” y capítulos de “el monstruo de la semana”. Contado así podría parecer que unos son más importantes que los otros, pero lo cierto es que hay “monstruos de la semana” tan buenos que son tan cautivadores o más que los arcos argumentales largos, y desde luego mucho más divertidos. Lo primero, los arcos largos, se corresponden con las mini-series principales de la bibliografía del personaje, por ejemplo “Semilla de destrucción” (Seed of Destruction, 1994) o “Despierta el demonio” (Wake the Devil, 1997), cuya publicación suele ir primero en formato comic book mensual durante 4 ó 5 números y luego recopilados en tomo único en cartoné o tapa dura. Lo segundo, las historias autoconclusivas, son historietas que ha ido apareciendo como complemento de las miniseries o en cabeceras contenedoras de historias breves de varios personajes, como “Dark Horse Presents” o “Advance Comic”, y posteriormente también son recopiladas en antologías en tomo como “El ataúd encadenado y otras historias” (The Chained Coffin and Others, 1998) o “La mano derecha del destino” (The Right Hand of Doom, 2000), que su vez pueden incluir como aliciente alguna historia corta nueva. Es especialmente notable que en el periodo comprendido entre “Despierta el demonio” y “Gusano vencedor” (Conqueror Worm, 2002), y eso fueron cinco años, Mignola se dedicó exclusivamente a las historias cortas. En palabras de Scott Allie: “[Mike] no estaba preparado para escribir otra novela, no estaba preparado para hacer avanzar la historia de ese modo”. Así que el autor utilizó este formato tan versátil para emular a algunos de sus ídolos, como M.R. James, Sheridan Le Fanu o H.P. Lovecraft en el desarrollo de narraciones cortas de su personaje. Esas narraciones breves anteriores a 2002 están recogidas en el presente tomo.

 

Cronológicamente, el volumen que tenemos entre manos cubre los primeros años de publicación de Hellboy, desde Semilla de destrucción hasta La caja del mal y la antología La mano derecha del destino, lo cual supone llegar desde el principio hasta más o menos los años 1999-2000:

 

Semilla de destrucción (Seed of Destruction). Fue la primera historia de Hellboy que se publicó en 1994, y su historia ya se ha contado al principio de este texto: el teaser en blanco y negro presentado en el Comic-Con Comics #2, la posterior edición mes a mes en forma de mini serie de cuatro números y finalmente su recopilación en tomo en octubre de ese mismo año. La primera vez que fue editada en mini serie, además, iba acompañada de una historia corta que fue serializada “Who are Monkeyman and O’Brien?” de Arthur Adams, y que servía de presentación para la serie de estos personajes que Dark Horse presentaría ese otoño (sí, la técnica del teaser es muy utilizada en la casa de Mike Richardson). En 2010, además, y como dato para coleccionistas, el número 1 de la mini serie fue re-editado con una portada distinta dentro de la promoción “1 for 1$” (números 1 por 1 dólar).

La primera aparición de Hellboy ya marca el estilo de “horror vacui” hiperreferencial que lo caracteriza: nazis, esoterismo, Rasputín, batracios lovecrarianos, maldiciones familiares, deidades mitológicas, y otros elementos, cuanto menos, exquisitamente divertidos. Los cultos satánicos en el seno de las organizaciones nazis, tan caras a Dennis Wheatley por ejemplo, tienen su base histórica en el conocido interés de varios altos cargos del Tercer Reich por el esoterismo, empezando por el mismísimo Hitler y los dirigentes nazis miembros de la Sociedad Thule, pero más sobre todo otros miembros y “practicantes” como Heinch Himmler. Las SS llegaron a contar con una división dedicada a cuestiones ocultistas, y contaron con la colaboración de brujos famosos como Karl Maria Wiligut, que fue llamado “el Rasputín de Himmler” según la biografía de Rudolf J. Mund. No creo que sea casualidad lo de Rasputín, ni que Mignola no conozca el dato. Otros ocultistas que trabajaron para Himmler fueron Otto Rahm, o el astrólogo Wilhelm Wulff, sin consultar al cual procuraba no tomar ninguna decisión. Y eso sin entrar a hablar sobre la Ahnenerbe, organización paracientífica nazi que llegó a realizar expediciones de búsqueda de objetos místicos (En busca del arca perdida no andaba tan desencaminada) y experimentos relacionados con “el otro lado”. Todo este entorno que vincula el Mal en su concepción tradicional Judeo-Cristiana (infernal, demoníaco, apóstata ante Dios) con los elementos iconográficos völkisch (esa rama del “folklorismo” nacionalista germánico que en la primera mitad del siglo XX reivindicó los elementos del paganismo nórdico… aunque terminara haciéndolo para entregarle toda esa riqueza de mitos y símbolos a las ideologías más despreciables), le viene como anillo al dedo a Hellboy. Grigori Rasputín, el siniestro personaje histórico, es convertido en un villano con mucho de creíble, aunque solo sea por las misteriosas atribuciones que rodean su biografía, con su muerte a la cabeza: envenenado, disparado y ahogado en el Nerva sucesivamente; y después de enterrado, exhumado, quemado y esparcidos sus restos a los cuatro vientos, como si creyeran que merecía la pena asegurarse de que Rasputín no podía volver…  En Hellboy es un inmortal, y su rol en la época de los nazis encaja con Wiligut y otros oscuros personajes que han sido reales.

Un personaje superheroico del tipo del Capitán América fue presentado también dentro del grupo de investigadores paranormales aliados: La Antorcha de la Libertad. Era una creación de John Byrne, y solo es mencionado en estos primeros comics en los que Mignola colaboraba con él. Posteriormente no ha vuelto a aparecer, pero funciona como guiño a aquellos viejos seriales en los que los nazis eran los malos, o a los cómics Marvel de este testilo, como Nick Furia y los Comandos Aulladores. Y si a todo esto le sumamos evidentes alusiones a la mitología de H.P. Lovecraft, monstruos batracios (¿”La habitación cerrada” de Lovecraft/Derleth), y maldiciones familiares (los Cavendish) con ecos de La esfinge de los hielos, el relato de Jules Verne que tanto influyó en el autor de En las montañas de la locura, lo que obtenemos es un relato denso, muy barroco, oscuro pero extremadamente sugerente. Una presentación magnífica.

 

Despierta al demonio (Wake the Evil). La segunda miniserie de Hellboy fue publicada por primera vez en forma de cinco comic books mensuales entre junio y octubre de 1996, y recopilada en tomo que añadía un epílogo nuevo en mayo de 1997. Cuando apareció como mini serie llevaba como extra una aventura de The MonsterMen de Gary Gianni, un cómic que no se desarrolla  en el mismo universo que Hellboy, pero que en más de una ocasión ha sido editado de manera relacionada a él. Los acontecimientos que narra y la información que en este arco argumental se revela es determinante para la comprensión de la biografía de Hellboy, y está fuertemente enlazada con Semilla de destrucción, ya que aunque se entiende por sí sola, viene a desarrollar todas las puertas abiertas dejadas por aquella.

Aunque el eje central de la aventura es encontrar y detener a un vampiro, Giurescu, de fondo todo vuelve a estar relacionado con el equipo Ragnarok de Heinch Himmler, y con otro proyecto del Tercer Reich llamado “vampir Sturm”. Vuelve Rasputín, y también conoceremos a otros personajes y hechos de su época nazi, como el “científico loco” Herman von Klempt, extrapolación al género de terror folletinesco de los científicos que trabajaron en las Wunderwaffe, esos proyectos locos (o no tanto) que tenían los de Hitler para experimentar y tratar de desarrollar “armas maravillosas” que les volvieran invencibles. Todo esto se cuenta en un ambiente entre menciones a Sir Edward Grey y cameos de Sir Aleister Crowley, y la introducción en el mundo de Hellboy de elementos mitológicos como las mujeres de Tesalia, las lamias o la diosa Hécate, reina de las brujas y de los muertos; otros folclóricos como la legendaria Baba Yaga de Europa del Este, más cadáveres putrefactos parlanchines, castillos en los Cárpatos, esposas del vampiro, ataúdes, cementerios y así un largo etcétera. Mención aparte al homúnculo, que retomaremos (años más tarde) en Casi un coloso.

En ciertos aspectos esta miniserie supuso un paso adelante enorme en la maduración de Mike Mignola como autor, y está repleta de deliciosas finuras, tanto en el terreno de su habitual maestría, el dibujo, como en su revelación como un guionista rico en pinceladas. En el primer campo destacar sus juegos duales entre la monocromía tonal generalizada en la miniserie y el rojo intenso que básicamente emana de Hellboy y de las esvásticas (y la relación entre ambas no es casual sino simbólica). En el segundo, destacar desde detalles más obvios aunque no por ello menos interesantes, como el 666 en el ataúd del vampiro, hasta otros más refinados, como la cita a El tigre de William Blake para aludir a la inmortalidad de la criatura. El tema del cómic en sí es la revelación, siendo además uno de los temas constantes y predilectos en Blake. La peripecia, en su sentido más convencional de oposición a un “villano”, se diluye entre los diferentes frentes y los encuentros episódicos, de Rasputín a Giurescu, hasta desembocar en Hécate, diosa compleja y misteriosa, que finalmente termina por sacar de Hellboy su naturaleza bestial, síntoma de su destino. Ambos entablan una batalla héroe-dragón, que en el lenguaje alquímico y esotérico representa la lucha contra el guardián de la verdad y el conocimiento, y no será la última vez que Mignola utilice esta figura. De Despierta al demonio Hellboy saldrá muy tocado, ya que entre otras cosas conoce quién es realmente.

 

Tortitas (Pancakes), mini-historia de dos páginas que fue publicada por primera vez en blanco y negro en el Dark Horse Presents Annual 1999. Fue reeditada en color por primera vez en el seno de la antología The Right Hand of Doom. Se trata de un mero chiste: un Hellboy joven (infantil más bien) prueba por primera vez las tortitas, y al hacerlo provoca un ataque de pánico y derrotismo en el Infierno: los demonios ya saben que tras probar algo tan delicioso Hellboy no volverá con ellos. Lo más interesante más allá de la divertida instantánea, es la documentación y ambientación de las huestes infernales, que incluyen a demonios tan reconocibles en demonología como Astaroth (el gran Duque), Mammon (el demonio de la avaricia) o Haborym (demonio del fuego, Duque del Infierno y comandante de legiones demoníacas). Además todos ellos aparecen en el cómic bien representados, con toda la iconografía que se les atribuye.

 

La naturaleza de la bestia (The Nature of the Beast), publicada por primera vez en blanco y negro en el número 151 de la revista contenedor de variedades Dark Horse Presents, en agosto de 2000. Se reeditó ya a color como parte de la antología The Right Hand of Doom.

En esta aventura es interesante la presentación del Club Osiris, proyección en el universo Hellboy de esos clubes privados esotéricos, de corte similar a la masonería, que han gozado de cierta tradición entre algunas élites británicas (no en vano el cómic se desarrolla en Inglaterra), que van desde la mítica Golden Dawn o la Orden de la Rosa del Rubí y de la Cruz Dorada a la Theosophical Society. La aventura trata, en síntesis, de matar al dragón, arquetipo esotérico  de la iniciación. También menciona el mito de San Leonardo de Noblac, también conocido como Sant Leonard de Limousin o en España como San Leonardo Abad, personaje de origen galo que venció al mismísimo demonio en forma de Dragón.

 

El rey Vold (King Vold), esta historia fue creada específicamente para la antología The Right Hand of Doom, en ella fue la primera vez que se publicó.

Está basado en el mito folclórico de la “caza salvaje”, motivo mitológico y de leyendas con gran tradición en los países nórdicos. El mito habla de una partida de cazadores fantasmales o sobrenaturales, a veces pueden ser duendes, hadas o incluso muertos vivientes, que si te los encuentras por el campo te proponen un juego de caza en el que tú eres la presa (como nuestra “Santa Compaña”, pero en versión “Malvado Zarof”). Si consiguen darte muerte, tu alma pasa a formar parte de su grupo maldito. La cuadrilla a veces está asociada al liderazgo de Wotan (Odín).  Naturalmente, esta aventura de Hellboy tiene lugar en Noruega, con gran realismo en los paisajes dibujados por Mignola, que asegura que un fan desconocido le envió un libro con fotografías. El relato también implica elementos de licantropía que acaban fusionándose con el no menos vikingo mito de los “berserkers”. El tema de la “caza salvaje” volverá a aparecer en la mitología personal de Hellboy y de Mignola en una aventura muy posterior que se titula precisamente así: The Wild Hunt.

 

El cadáver (The Corpse), cuando se publicó por primera vez vino a responder al desafío de si Mignola sería capaz de realizar una historia que pudiera serializarse en entregas de tan solo dos páginas, es decir: cada dos páginas debían tener un sentido y una acción suficientemente autónomos como para poderla leer por partes. Fue editada por primera vez en este formato entre los números  75 y 80 de la revista Capital City’s Advance Comics, entre marzo y agosto de 1995. En enero de 1996 fue publicada  completa en un one shot en el que con respecto a la edición serializada anterior se venía a añadir una página inicial de presentación, y una segunda aventura inédita: Zapatos de hierro,  con la que se conseguía alcanzar el número de páginas estándar. Finalmente, en 1998 fue vuelta a publicar completa como parte de la antología The Chained Coffin and Others. Con motivo del estreno de la película, en 2004 el one shot de El cadáver fue vuelto a publicar en una tirada limitada que se vendió por solo 25 centavos. En USA, existe una edición en DVD del film que llevaba este cómic como regalo.

El cadáver está considerada unánimemente una de las mejores historias de Hellboy. Muchos comentaristas afirman que es, de hecho, la mejor. Mike Mignola no ha admitido desde su perspectiva este último punto, pero sí reconoce que es sin duda una de las mejores.

Está basado en el cuento popular irlandés de Teig O’Kane, o Tadhg O Cáthán en su otra pronunciación gaélica, sin duda uno de esos relatos memorables que tanto caracterizan la tradición anónima de la vieja Europa mágica y romántica. También es notable por aparecer en ella un gruagach o brownie, criatura similar al hobgoblin que según el folclore gaélico suelen ser espíritus domésticos, aunque aquí lo que hace el gruagach es menos benévolo suplantando a una niña bebé. Y también sale Dagda, el Dios principal de los celtas irlandeses, que aquí aparece como rey de las hadas.

 

Zapatos de hierro (The Iron Shoes), como ya se ha comentado fue editada por primera vez como complemento en el one shot que recopilaba completa El cadáver por primera vez, y fue reeditada junto a esta obra cuando ambas fueron incluidas en la antología The Chained Coffin and Others. Cuenta con una adaptación animada incluida como extra en el DVD Blood & Iron, de la serie Hellboy Animated.

Esta historia está basada en el mito de los “gorra roja” (o “red cap” en inglés), también conocidos como dunters, un tipo de duende maléfico y sanguinario morador de castillos en ruinas, con cierta presencia en numerosas leyendas y creencias populares de Inglaterra y Escocia. El título del cuento proviene de una de las características más llamativas de los “gorras rojas” aparte de su melena blanca o gris, sus manos en forma de zarpas o su característico tocado rojo: las pesadas botas de hierro que les gusta llevar.  La narración de Hellboy que nos ocupa, de hecho, comienza con el testimonio de dos folcloristas inventados que comentan que el acero suele ser un excelente repelente para criaturas mágicas, pero que hay excepciones, como ésta, la de estos duendes que son totalmente inmunes o incluso muy aficionados a este metal. A continuación, la aventura de Hellboy comienza en las ruinas de un castillo…

 

Baba Yaga (The Baba Yaga), proyectada para ver la luz en 1994 y casi acto seguido a Despierta el demonio,  llegó incluso a ser anunciada en la revista Celebrate Diversity, en una tira promocional de una página titulada “Hi, my name is Hellboy”. Pero no llegó a salir hasta cuatro años más tarde, y lo hizo ya directamente en la antología The Chained Coffin and Others.

Baba Yaga es un popular personaje de la tradición popular rusa, una bruja vieja y arrugada de nariz azulada y dientes de acero, caracterizada por tener una pierna humana y la otra esquelética que vienen a representar su condición de estar entre los vivos y los muertos. Vive en una casa levantada sobre dos patas de gallina, que le sirve para poder aparecer en cualquier punto de Rusia. La utilización de este mítico personaje, que puede funcionar lo mismo de manera similar a la del “hombre del saco” como de una manera más simbólica como guardiana del saber del otro mundo, abarca desde los cuentos de hadas más infantiles a las versiones más adultas y oscuras. En nuestro occidente, su figura comenzó a hacerse popular a raíz de las recopilaciones de cuentos y leyendas rusos realizadas por Aleksandr Afanásiev en el siglo XIX.

Hellboy integra a Baba Yaga como un personaje más de su propia cosmogonía, ya desde que se la menciona en Despierta al demonio, aunque generalmente es una presencia que tiende a quedarse al margen, excepto en este cuento en el que Hellboy por fin se encuentra con ella, y en el lance incluso le hace perder un ojo.

 

Cabezas (Heads) fue editada por primera vez en marzo de 1998 como complemento del one shot Abe Sapiens: Drums of the Dead, el primer spin off de Hellboy.  Posteriormente fue incluida en la antología The Right Hand of Doom.

Siendo una de las historias de las que se siente más orgulloso Mignola, admite al mismo tiempo que le costó mucho, ya que su empeño en ambientarla en Japón chocó con lo poco que sabía de su folclore y mitología. Dice que está basada en “un cuento popular” japonés, pero el dato no es muy preciso y resulta difícil identificarlo. Sí parece claro que el artista leyó algo sobre nukekubis, que dentro del inabarcable panteón de yokais  tradicionales es la variedad de rokurokubis que se caracterizan porque de día parecen humanos (como todos los rokurokubis) y de noche se desprenden de sus cabezas, que vuelan de manera autónoma buscando personas vivas a las que devorar. En general, y siempre ha sido algo que me ha resultado muy curioso, en todo el lejano Oriente suele haber leyendas sobre criaturas mágicas casi siempre malignas caracterizadas solo por su cabeza sin cuerpo flotando. Mignola, por cierto, a estas criaturas las llama onis, pero los onis no son esto, serían más parecidos a monstruos nuestros como los ogros o los demonios (de los de cuernos y rabo). Respecto al argumento en sí, la historia del protagonista que llega a una posada que de día es normal y de noche resulta ser la guarida de fantasmas… eso sí es posible que sea un cuento popular, porque lo hemos visto más veces ().

 

Adiós, señor Tod (Goodbye Mister Tod). Fue publicada por primera vez como complemento en el one shot de MonsterMen de agosto de 1999. Así Hellboy le devolvía al personaje de Gary Gianni la “gentileza”, ya que MonsterMen había sido complemento de Hellboy en Despierta al demonio, Casi un coloso o Los lobos de San Augusto.  Posteriormente, fue incluida en la antología The Right Hand of Doom.

Definido por el autor como una historia de homenaje a Lovecraft, en ella juega un papel muy destacado la figura esotérica de los ectoplasmas, descritos por primera vez por Charles Richet y  cuyo caso histórico más característico posiblemente es el de Florence Cook. Fenómeno muy asociado al mundo de los médiums, este cuento de Hellboy tiene algo también de “El extraño caso del Señor Valdemar” de Poe.

 

El Vârcolac (The Vârcolac).  De manera parecida a El cadáver, la primera vez que fue editada salió serializada en capítulos de ¡solo 1 página! entre los números 14 y 19 de la revista Dark Horse Extra. Tenía un formato de “tira de prensa”. Pero cuando llegó la hora de re-editarla en la antología The Right Hand of Doom Mignola decidió que no quedaba bien y la redibujó por completo, ampliando su extensión de las 6 originales a 11 páginas. Es esta versión 2 la que se incluye en el tomo que estamos reseñando. La versión en tira de prensa se puede encontrar en el tomo The Art of Hellboy que Dark Horse publicó en 2003, y que hoy todavía es encontrable gracias a las sucesivas reediciones.

Un vârcolac es una criatura mítica del folclore de Rumanía. Mignola asegura que es un tipo de vampiro, “rey de los moroii y los stigoi”, pero lo cierto es que tal y como lo conciben en el país de los Cárpatos es más bien una especie de demonio que mezcla características de vampiro y de hombre lobo. Lo que Mignola ha entendido muy bien, es que es una criatura maligna que se alimenta “de Sol y de Luna” y es capaz de causar eclipses. Esta aventura de Hellboy es una especie de visión o delirio. Comienza como una historia de cazavampiros, y poco a poco se unen otros no-muertos y aparecidos, hasta que surge la misteriosa y gigantesta sombra del vârcolac, que es presentado con tintes muy lovecrarianos.

 

Navidades subterráneas (A Christmast Underground), se editó por primera vez en el Hellboy Christmast Special de 1997, único especial navideño que se hizo del personaje. En esta ocasión tanto Hellboy como Mike Mignola compartían el tomo con otras seis historias de otros autores (Steve Purcell, Gary Gianni, Geof Darrow), no necesariamente conectadas con su universo, pero que sí mezclaban los temas de la navidad y los fantasmas. Posteriormente la aventura fue recuperada en la antología The Right Hand of Doom.

Mignola cuenta que tomó el argumento de un cuento inglés que leyó hace mucho tiempo, pero no recuerda ni el nombre, y resulta muy difícil saber de cual se trata (cosa parecida ocurre, como vamos a ver, con “El ataúd encadenado”), aunque yo le veo ciertos matices del encuentro de Sir. Lancelot con Elaine, como en una trasposición de las leyendas artúricas al entorno sobrenatural del gótico victoriano. Hay fantasmas, e incluso una terrible bestia licantrópica, y es una historia muy sugerente.

 

El ataúd encadenado (The Chained Coffin), tras un teaser de 3 páginas en el número 100, fue publicada serializada entre los números 101 y 102 de la revista contenedor de variedades Dark Horse Presents. La historia fue reeditada en la antología homónima con algunos cambios y retoques menores.

Mignola asegura que se trata de una adaptación de un cuento de hadas irlandés, pero no conozco personalmente el original. El argumento tiene lugar poco después de “Semilla de destrucción”, y sirve para arrojar luz sobre los auténticos padres de Hellboy, el demonio Azzael y de la bruja Sarah Hughes. Hay pasajes de esta aventura que me recuerdan al Viyi de Tolstoi, quizás por lo de velar un ataúd encadenado para que nada entre ni salga de él…

 

Los Lobos de San Augusto (The Wolves of Saint August), fue publicada por primera vez en blanco y negro y serializada entre los números 88 y 91 de la revista contenedor de variedades Dark Horse Presents, entre agosto y noviembre de 1994. En noviembre del año siguiente fue recopilada en un tomo prestigio de 48 páginas, añadiendo 8 páginas nuevas respecto a la edición anterior. Finalmente, fue incluida como parte de la antología The Chained Coffin and Others.

Es una excelente historia de maldiciones y licantropía, tomando como base referencial la leyenda irlandesa en la que San Patricio maldice a un grupo de paganos condenándolos a convertirse en lobos cada siete años. Pero también mezcla en ella aparecidos, lo que la convierte en una de las piezas góticas con monstruos clásicos más irresistibles de la cronología de Hellboy. Al mismo tiempo, en una de sus historias breves más largas (valga la paradoja)

 

Casi un coloso (Almost Colossus), fue publicada por primera vez en forma de miniserie de dos comic books entre junio y julio de 1997. En aquella primera edición, llevó como complemento una aventura de The MonsterMen de Gary Gianni. Posteriormente, en agosto de 1998, fue recopilada como parte de la antología The Chained Coffin and Others.

Este relato está directamente conectado con la miniserie “Despierta el demonio”, es más, comienza justo ocho días después de la finalización de lo acontecido en ella. Trata sobre el mito del homúnculo, tan importante en alquimia desde los escritos del mismísimo Paracelso, y asociado a los golems de la mitología judía. El relato se ocupa de aquel que despertó en “Despierta el demonio”, y expande su trama con elementos basados en “El coloso de Ylourgne” de Clark Ashton Smith (uno de los escritores favoritos de Mike Mignola) y en “Frankenstein”. Incluso visualmente hay viñetas inspiradas en las versiones de James Whale de este último. El “estudiante de Wittenberg” creador de los homúnculos, en realidad un versado alquimista, podría estar inspirado en Johann Conrad Dippel, alumno de David Christianus que también inspiró a Mary Shelley en su novela. Ya saben, esos detallitos que tanto enriquecen estos cómics. En cualquier caso, como aventura ésta tiene una funcionalidad de “escoba”, ata los cabos sueltos dejados en “Despierta el demonio” redondeando su historia, y acerca un poco a Liz y Hellboy. Como anécdota, cuenta Mignola en los extras de este tomo que al principio estaba previsto que Liz muriese en esta aventura, pero que su amigo Glen Murakami le rogó que no lo hiciera, salvando al personaje.

 

La mano derecha del destino (The Right Hand of Doom), fue publicada por primera vez en blanco y negro en el Dark Horse Presents Annual 1998, y apareció por primera vez en color dentro de la antología a la que da nombre. En España fue editada por primera vez en la edición española de dicha antología.

En realidad la historia en sí es un resumen de todo lo que se conoce sobre Hellboy porque ha sido desvelado en esos primeros cinco años de vida editorial, Se repasan muchos de los acontecimientos de Semilla de destrucción y Despierta al demonio, y la novedad reside en hacer foco sobre su mano de piedra, esa “mano derecha del destino”, que resulta ser una llave al caos. Es una aventura muy breve, ideal para leer justo antes de La caja del mal, con la que encaja si no por cronología sí por temática.

 

La caja del mal (Box Full of Evil), fue publicada por primera vez  en forma de miniserie de dos comic books entre agosto y septiembre de 1999, y luego recopilada íntegra en la antología “La mano derecha del destino”, en donde además le añadieron un epílogo de 4 páginas. En España ya había al menos dos ediciones previas: fue publicada en tomo único de título homónimo que recogía los dos números, y también incluida en la edición española.

Esta es una aventura bastante larga, en la que se presenta el interesante personaje de Igor Bromhead, el ocultista malvado, otra excelente némesis para Hellboy. Además está adornada con unos cuantos elementos referenciales muy interesantes por ser reales, como la inquietante “mano de gloria” o la leyenda de San Dunstan y sus tenazas con las que atrapó al mismísimo demonio por la nariz. Pero lo más importante de La caja del mal es que es de esas aventuras en las que se descubren cosas nuevas sobre Hellboy y se refuerzan otras que ya sabíamos. Se cuentan muchas cosas, y muy siniestras, sobre su destino destructor y el poder de su mano de piedra. Y vuelve a aparecer Astaroth para recordarle a nuestro protagonista cual debería ser su lugar, frente a su continua rebelión y su empeño en vivir y defender a los mortales.

La colección presentada resulta sobresaliente, así como el número de extras, bocetos, portadas y anotaciones originales. Por todo ello no cabe más que felicitarnos por la oportunidad de atesorar un cómic como este, y deseamos poder tenerlo en nuestra biblioteca junto a los dos tomos restantes que componen esta reedición integral.

 

 

 

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