Prey es definitivamente una película independiente del resto de la franquicia de Predator, aunque conviene que sepas qué son estos seres y estés algo familiarizado con otras películas de la serie. Y no obstante, el que esperase una expansión de su universo, o una precuela, u otra secuela, o siquiera un nuevo reboot, va a quedar muy decepcionado. En realidad, y fuera de bromas con el hecho de que se trate de un lanzamiento directo a su plataforma de Disney+, se trata de un film de aventuras no muy diferente de cómo podría haber sido si la hubieran hecho en animación, y protagonizada por una de esas nuevas princesas Disney activas y guerreras, como la princesa Mérida de Indomable, o Raya de Raya y el último Dragón. Esto no es intrínsecamente bueno ni malo, aunque hay mucha gente que se lo ha tomado muy mal, quizás porque seguían esperando una película de acción ochentera. Cuanto más abierto estés a una aventura que no necesariamente mantenga ninguna clase de compromiso con los estándares de rudeza del Depredador contra el que luchó Arnold Schwarzenegger, mayores serán tus probabilidades de disfrutar de esta película. Que sí, que es hija de su tiempo, que se notan los discursos y las reivindicaciones que se desean amartillar en el público de hoy, lo que algunos llaman “la agenda”. Pero no seamos tontos: también se notaba en los 50, cuando la amenaza era comunista, o en los 80, cuando parecía por ciertas películas que en Vietnam no se había perdido o se elevaba a lo deseable el modo de vida de los yupis. Pues ahora es lo mismo, y algún día los historiadores del cine verán cuestiones como el feminismo o la inclusividad forzada por cuotas en nuestras películas como simples rasgos característicos, que encima reflejan sobre la ficción movimientos que se están dando social y políticamente. Y con esto dejo zanjada la cuestión de si a alguien le parece mal que una muchacha india que al principio es incapaz de cazar un conejo, pero que lucha por su igualdad de rol entre los cazadores hombres de su tribu, vencería o no vencería a un Predator.
Para mí lo realmente relevante es que la película tiene un ritmo muy bueno y no deja que te aburras. Dan Trachtenberg es un director cuya trayectoria profesional me había llamado la atención, desde que entregó la brillante pieza de género 10 Cloverfield Lane en 2016. Trachtenberg claramente ama la película Predator original y sabe qué elementos tenía que incluir si quería volver a poner en marcha la franquicia con éxito: cómo volver a lo básico.
La película se centra en Naru ( y su hermano, Taabe, miembros de una tribu comanche que vivía en las llanuras estadounidenses en 1719. Hablan tanto comanche como inglés. Naru quiere unirse a los jóvenes en sus cacerías, pero los hombres se ríen de sus habilidades de caza. Su hermano, Taabe, es comprensivo, pero duda que ella esté a la altura de la tarea. Entonces, Naru practica aún más. Mientras tanto, una nave espacial deja a un cazador depredador alienígena en las colinas cercanas. El Depredador activa su dispositivo de camuflaje y se aleja por la ladera de la montaña. Comenzará la cazería, y Naru acabará teniendo que tomar su iniciativa. Sencillo, previsible, pero bien realizado, llevado de manera suficientemente emocionante, y con un nuevo predator algo más tosco y primitivo, con el jugador de baloncesto Dane DiLiegro dentro del disfrad.
Hay que volver a lo sencillo, y aceptar productos como Prey por lo que dan, divertido, entretenido, y respetuoso.
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