Recapitulemos la historia reciente: Las tres últimas películas estrenadas en cine de la franquicia Star Wars fueron cronológicamente Star Wars: Los últimos Jedi (Star Wars: Episode VIII – The Last Jedi, 2017, de Rian Johnson), Han Solo: Una historia de Star Wars (Solo: A Star Wars Story, 2018, de Ron Howard) y Star Wars: el ascenso de Skywalker (Star Wars: Episode IX – The Rise of Skywalker, 2019, de J.J. Abrams), y aunque los dos episodios principales superaron el billón de dólares en taquilla (no así la de Solo, que fue la que pagó el pato), la recepción entre el fandom fue… polarizante y algo problemática. La sensación generalizada era la de que algo no funcionaba bien, y las desavenencias internas en la versión de Disney de Lucasfilm tampoco ayudaban: cambios de director en medio de rodajes, proyectos que se anunciaban y se cancelaban, y la intervención de J.J. Abrams regresando para darle alguna clase de cierre a la trilogía con sabor a urgencia e improvisación. Muchos fanáticos de Star Wars no tragan a Kathleen Kennedy, a pesar de su impresionante curriculum, y la hacen responsable de todo lo malo que ocurre en la galaxia. Y creo que antes de que la cosa terminara de explotarles, Disney decidió tomarse una pausa con su hoja de ruta para esta serie y abrir un periodo de reflexión.
En los mismos años en los que esto estaba pasando, fue lanzada Disney+ (2019), la plataforma de TV a la carta / streaming que es la mayor apuesta de la compañía del ratón Mickey desde la compra, precisamente, de Lucasfilm. Con Disney+, que llegaba a competir a cara de perro nada menos que con Netflix, HBO o Prime, se abre una enorme necesidad de incorporar continuamente contenidos atractivos. Se podría pensar que ya tan solo con el catálogo clásico sumado de Disney/Pixar/Marvel, más el de Fox (Alien, Predator, El planeta de los simios, Avatar, La jungla de cristal, etc) habría razones más que suficientes para ser competitivos. Pero el resto de plataformas no paran de añadir novedad (Stranger Things, Miércoles, El juego del Calamar, La casa del Dragón, The Last of Us, Euphoria, Los anillos del poder, etc), y Disney+ no puede quedarse atrás. Así, se abrió una nueva vía de explotación de la franquicia Star Wars, que ya había conocido la existencia en la pequeña pantalla a través de varias series de animación, pero ante la que ahora se presentaba la oportunidad de complementar las películas cinematográficas con series, exactamente como también se estaba haciendo con Marvel.
¡Y vaya! Fue como tener dos mundos paralelos: mientras en el cine los fans echaban pestes de las películas de Star Wars (o al menos, por ser más precisos, se generaba mucho ruido hostil), en TV la recepción ha venido siendo bastante positiva. Ha habido alguna sombra, como la esperadísima miniserie de Obi-Wan Kenobi, que fue una gran decepción. Pero en general, hay muy buen nivel. O mientras que a Kennedy se la quiere relacionar con una agenda woke y la “ingerencia capitalista”, en TV surge el nombre de Dave Filoni, al que todo el mundo parece tenerle un cariño y un respeto tremendo y del que siempre se dice aquello de “es un gran fan y un buen conocedor del universo de Star Wars y… bla bla bla”, acompañado del polifacético Jon Favreau, que ya había triunfado en Marvel (director de las de Iron Man, productor de las películas de Los Vengadores…), en ciertos live actions de Disney (El rey león, El libro de la selva) y ahora venía a coronarse también en Star Wars. Y en todo esto puede que haya un poquito de tópico repetido como papagayos: Kathleen Kennedy también es productora ejecutiva de las series de Filoni para la TV. Pero es verdad que, en principio, Dave Filoni se ha mantenido alejado de todos los tropezones de Star Wars, tanto en cine como incluso en TV (precisamente la citada y nefasta Obi-Wan es justo la única serie en la que su colaboración como “asesor” fue meramente testimonial). ¿Casualidad? Al final sí que le tendremos que dar crédito a esto, y pensar que el baluarte de Star Wars en estos 10 últimos años han sido este tándem: Filoni y Favreau, pero sobre todo Filoni.
Combinando ambos mundos, y después de todo lo antedicho, a nadie sorprenderá si afirmo que el mayor éxito de la franquicia Star Wars en todo este tiempo ha sido precisamente una serie: The Mandalorian (tres temporadas, entre 2019 y 2023), auspiciada y producida por Filoni sobre una iniciativa de Favreau. Planteada como si fuera un western de ciencia ficción, no solamente ha conseguido cautivar al público de todo tipo (fans y no fans de Star Wars): ha contentado a los muy fans por su fidelidad y respeto al lore; ha presentado una serie de aventuras frescas, interesantes y con sentido de la maravilla; ha consolidado la carrera de su protagonista, Pedro Pascal; y ha incorporado al último gran item de cualquier Disney Store: el muñeco de Grogu, un pequeño Yoda verdaderamente simpático, un personaje encantador (el hecho de que no hable seguramente contribuye muy positivamente) y hace las delicias de niños y adultos.
Regresemos de nuestro viaje en el tiempo. La conclusión está clara: si las películas cinematográficas de Star Wars necesitan un revulsivo, y desde la TV tenemos al mandaloriano con su inseparable Grogu, con Filoni detrás, por supuesto, en el top de popularidad… ¡blanco y en botella, como suele decirse! Se trataba de decidir si The Mandalorian debía volver en una cuarta temporada, o si hacían un level up de ambición, y saltaban al cine. Y todo indica que Disney ha decidido dar por cerrada la andadura de los personajes en Disney+ y apostar por su desarrollo en la gran pantalla. Hasta se han cancelado los cross-overs que había previstos con otras series como Ashoka. En teoría, el argumento del arco completo que debía haber cubierto esa cuarta temporada ha sido reciclado y se ha convertido en la línea principal (en rigor, la única línea) de la historia en Star Wars: The Mandalorian and Grogu. ¿Y qué tal? ¿Han venido a eso, verdad? Y yo contándoles lo que seguramente ya sabían…
Entrando por fin en materia (en el sexo párrafo, snif, snif), Star Wars: The Mandalorian and Grogu es una película terriblemente sencilla, pero no por ello mala. Tiene una estructura como si fuera una película de James Bond: arranca con Din Djarin y Grogu terminando una misión como auténticos badass (es divertido ver con qué facilidad superan los obstáculos, pero se comprende que nada en esas escenas iniciales va a tener mayor transcendencia posterior, por lo que si se ponen en plan Rambo tampoco debería molestarle a nadie). Eso les lleva a presentarse ante Q… perdón quiero decir la Coronel Ward, que medio les echa la bronca porque en esa misión se han pasado un poquito, medio les felicita por el éxito. Y les asigna el siguiente encargo, que consiste en encontrar al hijo de Jabba el Hutt. Y ahí arranca realmente la película. Porque la misión les lleva al punto A, en donde pasan cosas y conocen a otros personajes, y estarán en peligro (y esta vez ya no son tan badass, aquí sí se maneja el suspense), y del punto A luego van al punto B, donde pasan más peligros… y del punto B acaban yendo al punto C, donde vamos al clímax y al final de la película. Es muy simple: intro, A – B – C. No esperen grandes sorpresas, ni una épica desaforada, ni reflexiones místicas o metáforas socio-políticas. Se trata, y no es poco, de una aventura, como las de toda la vida. Sí, exactamente eso: como las de toda la vida. El sabor a aventura clásica autoconclusiva es encantador durante toda la película, un sabor fácilmente trasladable, sin ir mucho más lejos, a una película de Indiana Jones. Así que si no necesitan esas otras clases de pretensiones, si simplemente quieren pasar un buen rato emocionante y soñador con personajes carismáticos, contado con un correctísimo uso del lenguaje narrativo, creo que les va a gustar la película.
La imbricación de esta impecable aventura autoconclusiva con el universo Star Wars es también impecable. No solo porque el mandaloriano y Grogu sean ya en sí mismos personajes de este universo: la trama entera de este film conecta con la película animada de 2008 Star Wars: The Clone Wars que dirigió el propio Filoni, y con el capítulo 9 de la tercera temporada de la recomendable serie Star Wars: The Clone Wars (2008-2020). Si no las han visto, no tendrán ningún problema en seguir The Mandolorian y Grogu. Pero si sí las vieron (y es lo recomendable, encarecidamente), podrán percibir con una sonrisa como encaja la cronología de la vida de Rotta, el hijo de Jabba, y el complot de Ziro y el resto de su familia por eliminarle. En la película de 2008, Ziro el Hutt, tío de Jabba, se alía con el conde Dokku para secuestrar a Rotta, el hijo de Jabba, y provocar un conflicto entre los clanes Hutt y la República. En el capítulo de la serie, Ziro consigue escapar de la prisión en la que había sido condenado, y reúne las piezas para hacerse con el control de los clanes Hutt. Ahora, en Mandolian y Grogu, Ziro y el clan tratan de eliminar a la única amenaza que tienen para su poder: a Rotta, convertido en un gladiador en el borde exterior de la galaxia.
Por lo demás, no hay más cameos de “celebridades”, lo cual se agradece después del bombardeo de estúpido fan service que fueron los episodios VII, VIII y IX. Pero han incorporado al casting al personaje de la Coronel Ward, que es Sigourney Weather, que se convierte de esta manera en la madrina oficial de todas las franquicias (Alien, Cazafantasmas, Avatar, y ahora Star Wars).
La película, además de una buena aventura y simplicidad bien entendida, da lo que ofrece y lo que se le pedía: Din Djarin la mayor parte del tiempo sale con el casco, lo que permite rodar escenas incluso sin estar disponible el actor principal; en el clímax, se buscan una buena excusa (que no desentona) para quitárselo, y lucir a Pedro Pascal. Y a todo esto, Grogu… sigue siendo Grogu: un animatrónico (en Star Wars hay mucho CGI, pero alabo a Filoni la decisión de mantener a su pequeña estrella como un “muñeco”) adorable con no pocos momentos de lucimiento, desde el alivio cómico a lo dramático. Si van al cine a ver a Grogu, también van a salir contentos.
Y no sé qué más decirles. The Mandalorian and Grogu tal vez no da para un análisis sesudo de 10 páginas, pero me ha parecido una película estupenda, que recupera el sentido original de George Lucas en los 70, cuando soñada la Star Wars original, antes de que se flipase con otras cosas. ¿Qué era aquella película sino la historia de una princesa que pedía ayuda a un caballero, y en lugar la ayudaban un grajero y un pirata, y todos juntos iban a por el malo? No se equivoquen y que no les ciegue la nostalgia, La guerra de las galaxias era eso, y estaba bien precisamente porque era eso, como las novelas pulp o los seriales que la inspiraron. Menos es más, simplicidad es éxito. Esta es la mejor película de Star Wars desde el Retorno del Jedi, y lo digo en serio (me puedo plantear alguna duda respecto a Rogue One, pero creo que al final me quedaría con ésta).




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