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En medio del estúpido griterío de las cada vez más estúpidas redes sociales, reflejo de un fandom tóxico, ensimismado y fanático, llega la nueva versión del superhéroe por antonomasia, el primero, el original, que no es otro que Superman. En cierto modo ya solo su estreno es un alivio, porque significa que es el final de tanto tuit (o como quiera que se llamen ahora que Twitter es X) criticando que si el traje, que si el perro, que si el poster… Pero es que además, rayos, creo que James Gunn ha callado muchas bocas, porque la película está realmente bien.

Presentado al mundo en el cómic número 1 de la revista Action Comic en junio de 1938 por el guionista Jerry Siegel y el dibujante Joe Shuster para la editorial National Allied Publications, una de las que luego formarían DC Comic, sobre la sencilla idea de este nuevo Hércules no tardó en formarse una mitología moderna que cualquier persona que haya habitado la Tierra en el último siglo reconoce: la de los superhéroes. Tras los cómics, imitados hasta el infinito, vendrían las adaptaciones del personaje a seriales radiofónicos, seriales cinematográficos, series de TV, y finalmente largometrajes cinematográficos. Entre tanto, los cómics de Superman no solo no habían dejado de publicarse, sino que habían multiplicado la cantidad de cabeceras y spin-offs, y el personaje se había convertido en una especie de patriarca en el conocido como “universo DC”, el espacio ficcional común en el que los demás superhéroes de la editorial conviven y pueden hacer equipo o encontrarse con Superman. Pero volviendo a lo audiovisual, precisamente sería el cine el que dispararía aun más su popularidad a partir de la película de 1978, dirigida por el eficiente Richard Donner y en la que el papel de Superman era encarnado por Christopher Reeve. Esta película contaría con tres secuelas a lo largo de la década de los 80. En los 90, y tras el gran éxito del Batman de Tim Burton, se volvió a hablar de hacer una nueva película de Superman, y llegaron a existir varios proyectos más o menos sólidos, que conformaron un infierno del desarrollo especialmente largo y jugoso en anécdotas (como la famosa conferencia de Kevin Smith hablando de su experiencia como guionista de uno de esos proyectos, video que imagino que todos hemos visto). No sería hasta 2006, ya en la era dorada del cine de superhéroes que hemos vivido tras los hitos de X-Men (2000), Spider-Man (2002) o Batman Begin (2005), que Superman volvería a la gran pantalla, por medio de Superman Return, dirigida por Brian Synger (justamente el que había hecho también X-Men) y con Brandon Routh como Superman. Ésta es una película que hoy en día mucha gente se empeña en olvidar, comprensiblemente, por otro lado, ya que, aunque no es mala, no fue gran cosa. En 2008 da comienzo el UCM (Universo Cinematográfico de Marvel) con Iron-Man, y Warner, propietaria de DC Comics, se da cuenta de que tiene un inventario potentísimo de personajes y, Batman aparte, está dejando que Disney y otras como Sony o Fox le coman la tostada. Así que coincidiendo con la finalización de la interpretación de Christopher Nolan del hombre murciélago con El caballero oscuro: la leyenda renace (2012), se lanzan a la pura competencia con Marvel tratando de crear su propio universo interconectado de películas.

Lo curioso, es que a pesar de ser su supuesto número 1, su principal activo, ni en la propia Warner creen en el potencial de Superman. Piensan que corren otros tiempos, que los superhéroes deben ser más oscuros, y que “el gran S” ya no es el héroe favorito de la gente, que quizás se les ha hecho tarde, que está trasnochado. Sintomáticamente, la película que da inicio al “Universo DC” en el cine es El hombre de acero (2013), ¡una película de Superman que no lleva la palabra Superman en el título! Además, aunque ande Nolan por detrás produciendo y moviendo hilos, le dan la batuta a Zack Snyder, un director que se caracteriza por su visión trágica y oscura, que viene nada menos que de hacer una versión sorprendentemente fiel de Watchmen (2009), y que en sus créditos anteriores tiene películas como 300 o El amanecer de los muertos. Toda una declaración de intenciones. Pero sobre Snyder volveremos luego, porque la cosa traerá cola. Por cierto, que no lo he dicho, este Superman del “snyderverso” está interpretado por Henry Cavill, que repetirá el personaje de nuevo en Batman v Superman: El amanecer de la justicia (2016) y Liga de la justicia (2017), que junto a El hombre de acero forman una trilogía en la que Snyder establece lentamente su visión del Universo DC. Y de este modo nos hemos plantado en apenas hace ocho años, que con la pandemia COVID en medio equivale casi a hablar de algo que pasó hace seis. Así que lo normal sería que estuviesemos hablando de una nueva entrega protagonizada por el todavía joven Cavill (42 años y en plena forma física, por no decir directamente que está como un tren) y que continuase con ese universo ya presentado. Como todos sabemos, eso no ha sido así.

Y aquí dejo este seguramente tedioso repaso a la trayectoria del personaje que seguramente ya te sabías, y paso a tratar otra cuestión no menos conocida, pero que me parece importante para contextualizar: el salseo. Mientras que la distinguida competencia Marvel tuvo una época en la que no paraban de subir y parecían haber encontrado una varita mágica, la suerte de las películas de superheroes DC de Warner ha sido siempre muy desigual y polarizante. Claro que tampoco la estabilidad ha acompañado a los equipos creativos, con sucesivos bailes de cargos y nombres, y bandazos en los planteamientos, que han hecho a los fans sentir que Warner ni sabe lo que quiere ni creen en sí mismos (o más bien: en su material). En 2016, en vista del decepcionante recibimiento crítico (que no así de taquilla) de Batman v Superman, Warner decide buscar “su propio Kevin Feige” (el productor general de Marvel, y artífice general de su universo) y pone al frente de todas las películas de DC al tandem formado por Jon Berg y Geoff Johns. Para los profanos: Berg es un productor puro y duro, y su cometido era poner orden en las películas para asegurar su rentabilidad, mientras que Johns es un reputado guionista de cómics de la casa DC, autor de algunas de las más celebradas etapas de Green Lantern, Aquaman o Flash, elegido para hacerse cargo de la dirección artística. Lo primero que sucede, es que a Zack Snyder le ponen una diana en la frente: no se fían de su visión, que de momento no ha fallado en el apartado económico pero lleva mala tendencia, y que es muy divisivo entre los fans en cuanto a resultados narrativos. Así que antes de concluirse el rodaje de Liga de la justicia, deciden despedirlo. En su lugar contratan a Joss Whedon, que era nada menos que el director de Los vengadores. Excesivamente obsesionados con conseguir con apenas un par de películas lo que Marvel ha construido sobre más de media docena, el resultado del film acabado por Whedon fue decepcionante, todavía más criticado que las propuestas anteriores de Snyder. Es más: estalla una guerra civil entre los fans de las películas de DC, entre los que piden la cabeza de los responsables de Warner y la vuelta de Zack Snyder, y los que sin negar que Liga de la justicia tampoco es buena, también culpan de esto a Snyder. Como fuere, y dado que Snyder ya estaba fuera, él ya no podía perder, y los que caen en esta guerra son Berg y Johns, que son despedidos tras estar solo año y medio en el cargo, y reemplazados por Walter Hamada, un productor ejecutivo que viene de New Line Cinema.

La era Hamada tan solo dura un poco más, apenas 4 años, caracterizados por los giros bruscos, los reinicios y las decisiones extrañas. Es la época del triunfo de Wonder-Woman y Aquaman, pero también de sus decepcionantes secuelas, y la época de decisiones radicales como la de no estrenar siquiera Bat-Girl a pesar de estar terminada, o de abandonar el universo de Snyder, pero sin proponer con qué reemplazarlo, si no es con películas independientes como Shazam! (2019) o The Batman (2022). Black Adam, Flasho Aves de presa (la película mala de Harley Quinn) también son de su época. Muchos claros y oscuros, como una montaña rusa de calidad, y nada de esto reconcilió las fracciones del público, entre los que seguían defendiendo a ultranza a Zack Snyder, y los que no pero tampoco estaban contentos con la situación. Y justo ahí, en 2022, Warner anuncia el bombazo: ha contratado a James Gunn para hacerse cargo al 100% del Universo DC en el cine. Gunn ya había trabajado para ellos en la segunda versión (la buena) de El escuadrón suicida (2021) y su serie spin-off El pacificador (2022) durante su exilio de Marvel. ¿Se acuerdan? Porque James Gunn, el director de Guardianes de la galaxia (2014) y Guardianes de la galaxia 2 (2017) fue despedido de Marvel por no recuerdo qué chorrada racista, o machista, o todo junto, que había dicho en Twitter años antes, en uno de esos actos de cancelación típicos de nuestro tiempo. Así que Gunn se pasó de Marvel a DC, hasta que Marvel regresó con el rabo entre las piernas, y le re-contrató para Guardianes de la galaxia 3 (2023). Pero volvamos a DC: a Gunn le dan carta blanca para que haga lo que quiera, y lo primero que hace es que la lía, pero bien, porque despide a Henry Cavill o Gal Gadot, que no volverán a sus papeles respectivos de Super-man o Wonder-woman. Jason Momoa tampoco volverá a ser Aquaman, pero al menos él ha conseguido ganarse a Gunn y convencerle de contar con él para una futura película de Lobo. Ben Affleck ya había salido de Batman unos años antes, y Ezra Miller (Flash) tiene sus propios problemas legales por asuntos muy turbios. En definitiva: ninguna película (a excepción quizás de The Batman, que va aparte) de las vistas en los últimos 10 años, tendrá continuidad. Y eso, claro que sí, enfadó a muchos fans. Suma: los que siguen erre-que-erre con que Snyder es el mejor, los que odian a Gunn por echar a Cavill, los que odian a Gunn simplemente porque sí, los que no soportan su sentido del humor, o los que ya simplemente se han acostumbrado a que en DC todo es un desastre y consideran que tocan mantenerse a la gresca… Lo que hemos vivido en estos dos años, cada vez que ha salido una noticia sobre Superman, ha tenido muchos precedentes (el hate de las Cazafantasmas de Paul Feig, o la Blancanieves de este 2025), pero eso no quita para que la cantidad de mierda que hemos tenido que ver haya sido aplastante. 10 días antes del estreno de este Superman de James Gunn, incluso recibí en mis redes sociales una convocatoria al boicot: “pongamosle un 0 en IMDB, Rotten Tomatoes y demas sitios de referencia”, así, sin verla, solo porque al parecer había que castigar a James Gunn. Mucha gente se relamía y disfrutaba ya solo imaginando lo malísima que iba a ser la película, y el desastre en taquilla que se avecinaba. Las antorchas del linchamiento estaban encendidas, toca decir que la película es una mierda, lo sea o no, a ver si echan a Gunn, y vuelve Cavill, o Snyder, o ninguno, o todos, no estoy seguro ya ni de lo que quieren…

Ahora sin embargo sabemos que todas cuentas esconden en realidad monos-bots de Lex Luthor.

Pero llegó el momento de hablar de Superman, un Superman que recupera los calzones rojos, que puestos a elegir Christopher es más de Reeve que de Nolan, y que nos presenta, sin necesidad de aburrirnos contándonos otra vez la explosión de Krypton y la llegada de Superman a la Tierra, su infancia en Smallville, o el primer día de Clark Kent en el Daily Planet, a un Superman más joven, optimista y humano, aunque enfrentado a dilemas éticos actuales y a la desconfianza de una sociedad polarizada y adicta a las redes sociales. Gunn, con la experiencia acumulada en Guardianes de la Galaxia, busca un equilibrio delicado: ser fiel al espíritu esperanzador del personaje sin caer en la cursilería ni el infantilismo. El resultado es una película que, pese a la presión, brilla en momentos cruciales, especialmente cuando pone el foco en la relación entre Clark Kent y Lois Lane, interpretada por Rachel Brosnahan, logrando una química madura y realista dentro del género.

La ambientación y el tono de esta “Superman” reflejan la mano de Gunn: colorido intenso, ritmo de aventura clásica y dosis justas pero constantes de humor, algo más comedido que en sus trabajos anteriores. Lo más notable de este film, lo que más me ha sorprendido, es que Gunn ha armado un universo DC con una sola película: un lugar en el que da la impresión de que existen los kaijus y atacan casi todos los días, así como los universos de bolsillo, los autómatas y los clones, y por supuesto los meta-humanos. La inclusión de la Sociedad Americana de la Justicia, representada por Mr. Terrific (de cierto peso en el desenlace), el Green Lantern de Guy Gardner y Chica Halcón, es suficiente para sugerir que en cualquier momento podrían aparecer también WonderWoman, Flash o Batman. En defintiva, e insistiendo: aquello en lo que DC venía fallando desde el principio, a pesar de la construcción lenta y sistemática de Snyder, Gunn lo ha logrado de un solo plumazo.

Las escenas de acción y efectos visuales cumplen con creces las expectativas del género. Y hay guiños —como la presencia de Krypto, el superperro, destinado a ganarse el corazón del público infantil—, sin que llegue ninguno a verse forzado. El mayor acierto estético está en la representación de Metrópolis, ciudad luminosa y moderna, donde lo cotidiano y lo extraordinario conviven sin estridencias.

Hoult ofrece una interpretación cerebral de Lex Luthor, alejada del estereotipo del CEO megalómano, proponiendo un antagonista calculador y obsesivo, con toques de Elon Musk y referencias geopolíticas contemporáneas (descaradamente a la guerra de Ucrania). Algunos dirán que esta versión más intelectual y menos desmesurada de Luthor pierde carisma y peso dramático, pero yo creo que se erige como un antagonista verdaderamente terrible. La trama secundaria (la política internacional, los medios de comunicación) le dan profundidad al conflicto, sin pasarse y llegar a condicionar la trama principal, aunque también sin ofrecer una crítica realmente mordaz.

El reparto general es uno de los puntos fuertes. David Corenswet logra transmitir la dualidad de Clark: vulnerabilidad, nobleza y un optimismo cálido. Rachel Brosnahan, como Lois Lane, es el rostro más creíble y humano, aportando agudeza y complicidad al romance central. Las actuaciones de los secundarios, incluido Zlatko Burić como presidente de Boravia, están bien, pero adolecen de un tratamiento superficial, producto de un guion que prioriza la acción y el sentido de la maravilla sobre la profundidad de los personajes. Krypto, el superperro, no es, obviamente, Rocket, y su rol es muy distinto, pero resulta entrañablemente simpático.

En el plano narrativo, Superman parece querer abarcarlo todo: drama doméstico, romance, comedia, ciencia ficción, crítica social y, por supuesto, la épica clásica del superhéroe. Gunn acumula ideas, pero no siempre sabe dosificarlas, lo que provoca una película desequilibrada, con saltos de tono bruscos y una estructura que avanza por episodios, sin una progresión emocional sólida. El primer acto es prometedor, con una presentación ágil y atractiva de los personajes, pero conforme avanza la trama, la historia se enreda en subtramas y referencias, perdiendo algo de coherencia, pero sin bajar el ritmo. El conflicto final, pese a la espectacularidad, carece de tensión real; Superman nunca parece estar en verdadero peligro, y el clímax se resuelve con una facilidad que decepciona, sobre todo para quienes esperaban una reinvención atrevida del personaje. ¿Se podría decir que el film va de más a menos? Un poco sí, aunque el rasante no es excesivamente pronunciado, y el espectador termina el viaje con la sensación de haberlo pasado bien.

Como balance final, “Superman” de James Gunn es una película tan competente, bien intencionada y visualmente atractiva, que hay que ser pertinaz en el prejuicio para andar diciendo de ella muchas cosas que estamos leyendo en redes sociales. Logra devolver al personaje a su esencia luminosa y esperanzadora, tan necesaria en el cine de superhéroes actual, y supone un cambio de tercio muy de agradecer sobre el monotono trágico-oscuro imperante, sin para ello copiar tampoco las fórmulas y formas más ligeras de Marvel. Siento que con esta película se ha abierto un camino realmente nuevo.

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